


Al parecer, el topónimo real podría ser El Adivino, deformado a lo largo del tiempo, hasta su versión actual por las voces populares y la cartografía. Una leyenda sitúa en esta montaña un tesoro oculto por los musulmanes y cuyo secreto escondite lo revelan los rayos del sol una mañana de un día determinado, iluminando con su luz la profundidad de una grieta, abierta en un peñasco hasta donde penetran esos rayos mostrando el lugar oculto donde fue depositado. Este tesoro se relaciona también con un santón moro, eremita de una cavidad al pie de la montaña, de reconocida sabiduría a quien las sencillas gentes acudían en demanda de consejo e intermediación en sus destinos, persuadidos de sus poderes esotéricos. Las dádivas que acompañaban a este devoto peregrinar, objetos o joyas, depositados en algunos casos por poderosos señores de alcurnia, pudo ser muy bien el origen legendario del tesoro. Entre los poderes atribuidos al piadoso ermitaño, se cuenta el de adivinar y predecir el futuro, de ahí "el adivino" y la posible corrupción fonética de la voz a "el divino".
Sea como fuere, estamos ante una imponente y hermosa montaña, modesta por una vertiente, pero sumamente accidentada en su cara recayente al barranc de l'Arc. De sólida y compacta caliza que se quiebra en grandes líneas de fractura y desplomes de soberbia arquitectura, donde, por razones naturales, la escalada se ha desarrollado en sus facetas más rigurosas.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada