


Aunque su pequeña superficie impide la existencia de grandes colonias de aves, las salinas representan un punto de descanso en sus procesos migratorios. Adaptada a soportar elevadas concentraciones salinas del suelo y del agua, este ecosistema desarrolla una vegetación propia.
Inmunes a los rascacielos, ajenas al tráfico, las aves habitan en este humedal de medio metro de profundidad, a saber: flamencos comunes, chorlitejos patinegros, cigüeñuelas, gaviotas de Audoin, patiamarillas y reidoras, avocetas comunes, charrancitos, patos colorados y, en menor cantidad, tarros blancos y cercetas pardillas, esta última en peligro de extinción.
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