


El solsticio de invierno marca el día más corto del año. Desde épocas ancestrales, fue entendido como el despertar de la luz, momento de reinvención y agradecimiento.
Siendo el día más corto y la noche más larga del año, el solsticio de invierno marca el momento a partir del cual las jornadas empiezan a alargarse y eso, en culturas antiguas, se asoció al triunfo del Sol sobre las tinieblas. Preparado desde meses antes para la escasez, la hambruna y las inclemencias del invierno, el hombre primitivo asociaba este día con el renacimiento y la esperanza por haber sobrevivido a lo peor. Se augura el despertar de la Naturaleza después de su sueño invernal y por tanto, la fertilidad de la tierra.















